Las herramientas en la eSalud ¿Ayudan o pueden llegar a saturar?

Las TIC han traído un mundo lleno de cosas nuevas con las que voluntariamente, o no, hemos tenido que aprender a convivir, si queremos seguir inmersos en algunos canales, por ejemplo, de comunicación. Sin vuelta atrás en una aventura sin retorno que afecta cada vez más a muchos ámbitos.

Uno de esas 'cosas' nuevas que han traído han sido las herramientas. Antes de Internet, la palabra herramienta se refería casi en exclusiva para el gran público a una herramienta física, con la que construir, hacer algún tipo de acción con ella para algo. Sin embargo, a raíz de la globalización de Internet y de la posterior llegada de las TIC, la palabra herramienta cogió mucho protagonismo primero, en nuestro vocabulario, y después, en nuestro día a día. Eso sí, los cambios no afectaron a su concepto, y las herramientas siguen siendo utensilios, físicos o no, con los que 'construir' algo de alguna manera. 

En este devenir de cambios, hoy día es casi imposible trabajar conectado a Internet y no utilizar una herramienta y menos en el ámbito de la salud. Las herramientas han cambiado la forma de hacer las cosas. Nacidas para facilitar tareas, han ido creciendo y multiplicándose existiendo una (como mínimo) por cada tarea, y a la vez, naciendo herramientas para gestionar herramientas que a su vez gestionan otras herramientas, en un bucle, que a veces, parece el de nunca acabar. En esa vorágine viciosa, a la que la eSalud no es ajena, marca el panorama: cualquier acción que queramos hacer, que sea continuada en el tiempo y se realice a la vez que otra, tiene una herramienta para hacerse. Y parece no tener fin. 




Herramientas en la eSalud y su auge

En este auge de las herramientas que nos quieren hacer la vida más fácil también a los actores de la eSalud, a veces es necesario pararse y preguntarse: ¿Realmente necesitamos tantas herramientas? ¿Facilitan el trabajo o las acciones que queremos realizar? 

Para llegar al fondo de esta cuestión es necesario diferenciar en el tipo de herramientas que pueden utilizar los profesionales sanitarios, a pesar de que muchas veces sus funcionas se tocan. Existen herramientas de comunicación, las que ayudan a mejorar la divulgación y la difusión a todos los actores en los nuevos canales de comunicación; las que se focalizan en el aprendizaje; y las que ayudan a la monitorización, tan importante cuando entra el paciente en acción, entre otro tipo de herramientas. 

Esta situación, de entrada, nos obliga a triplicar el uso de las herramientas, como mínimo. Esto implica tener que aprender rápidamente sobre la gestión de cada una de ellas y a la vez, tener que aprender a filtrar, ya que es inviable poder utilizar todas las herramientas que existen, y hay obligatoriamente que probar unas y otras para descartarlas o implementarlas en el trabajo. 

El uso de herramientas supone una primera fase de elección, seguida de una fase de prueba y posterior validación, que se requiere siempre para poder saber si realmente sirve para algo.

Para José María Cepeda, autor de Salud Conectada y gran testador de herramientas, "a la hora de elegir una herramienta, aparte de la primera búsqueda en Google para ver qué dicen de ella las fuentes de referencia, es esencial consultar a tu red, para ver si algún contacto la usa y le parece útil, o te puede recomendar otra similar", una vez hecho esta parte del proceso más social, tiene claro cuál es el siguiente paso:  "Probar, probar y probar". 

Miguel Ángel de la Cámara, experto en comunicación digital en salud y radiología médica, cree que lo importante no es la "cantidad" sino generar un proceso de aprendizaje con ellas, lo que confirmará sí ayudan o no.  

En definitiva, lo importante de las herramientas es saber poner el foco más que en la cantidad, en el uso que se le da a cada una.  Al mismo tiempo, hay que buscar por un lado utilidad, y por otro, efectividad. Es decir, la herramienta tiene que permitir al que la usa obtener los resultados que busca de una forma más rápida que como lo hacía antes. Es necesario probarlas y dedicarles un tiempo, ver ventajas en su uso en un periodo de tiempo corto-medio y percibir que sirve para comunicar, para aprender y para realizar alguna acción que nos lleva a obtener algún resultado. Si no se cumple este proceso, la herramienta no nos habrá ayudado, y muy posiblemente solo pueda saturarnos.